Abrir con la anticipación de la noticia que lee Aurora sobre lo que puede haberle sucedido a Feliciano, seguida de un amplio juego de anticipaciones que no se resuelven en definitiva sino al final, sostiene el interés del reencuentro y desencuentros de una pareja por el amor y la lucha política. En efecto, Aurora y Feliciano ser aman sin poder unirse y comparten su posición política, él como militante de la OCPI (Organización Campesina Popular del Istmo), ella por su proyecto de tesis sobre Xochitlán y la OCPI, aprobado por la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. La propaganda a favor de la OCPI y al Ayuntamiento de Xochitlán contrastaban con frases donde se denostaba al presidente Polo De Gyves y a otros miembros de la OCPI con insultos en zapoteco y en español. Más allá, vieja propaganda a favor del recién electo presidente de México, lo que evidencia miradas desde diferentes orillas. Pero el contexto es aún más amplio. Un día llegó Feliciano llevándole a Aurora unos libros, entre estos un cuadernillo titulado La rebelión de Tehuantepec. Ella había leído algo sobre la historia de la región, pero esta era la primera noticia que tenía de una rebelión indígena durante la Colonia (1660-1661): "los indios de la provincia de Tehuantepec, hartos de las cargas y pensiones de repartimientos y los malos tratados de que eran objetos por parte del Alcalde Mayor y sus capataces, decidieron alzarse, en rebeldía contra toda la estructura de autoridad que representaban los españoles de la Villa, culminando en el asesinato del Alcalde Juan e Avellán y dos de sus criados". Con solvencia narrativa, la novela va dando, junto al reencuentro de Aurora y Feliciano, toda una visión investigativa y vital del desarrollo político y social del sector, de los elementos negativos y positivos que intervienen, hasta llegar a un desenlace sin concesiones, claro y digno de difundirse.