En una espiral ascendente que no tiene ni quiere tener asideros, y sin otro recurso que el amor, Andrés Bali: escritor, cronista, cuentacuentos, hortelano y aprendiz de curandero deja su impronta en unas líneas ágata sumergidas en trazos de color logrados en días sin día, atadas a la delgada línea de cristal en la que el yo, se desdibuja para mirar y cortejar a sus dos amores, uno de ellos en el borde del ethos y el otro en el pathos del romancero, a través de un largo camino de espejos de los que se escapa la mirada, como gota de mercurio sin rumbo y sin cordura cuando dice: "Ciego amo ver tu libertad y encuentro la manera viva de encontrar la vida en la pureza, en ti, en el ocaso. Amo tus ojos como cristales, donde llega la luz_"