El patrimonio construido mantiene una relación estrecha con la temporalidad de los pueblos y, en última instancia, contiene los cimientos de la identidad cultural. El territorio sirve en cambio para sostener, contener y articular las prácticas cotidianas que, si bien se adaptan y transforman, también se mantienen invariantes en el tiempo. En los casos presentados en este volumen se registra el conocimiento de la inversión sobre el patrimonio histórico urbano con el fin de satisfacer los objetivos de consumo cultural, de ocio esparcimiento que se reflejan de manera casi inmediata en el mercado inmobiliario. Los inmuebles históricos rehabilitados generan una revalorización considerable del precio del suelo, especialmente cuando van aparejados del apoyo financiero de los programas de gobierno. Tanto en los centros turísticos consolidados como en las ciudades patrimoniales o los pueblos tradicionales se reproducen las diferencias entre los grupos sociales, y se mantiene la hegemonía de las élites socioeconómicas en el tiempo. Es así que existe una apropiación diferencial del patrimonio que parte de una desigualdad estructural y que está sujeta a conflictos entre los distintos actores empresariales, políticos y sociales