En este libro se abordan las implicaciones de la despolitización de las desigualdades sociales en la educación superior en el sureste de México a partir del análisis de experiencias del estudiantado y de la documentación de dinámicas concretas de discriminación y sexismo entre los grupos de jóvenes en desventaja social y económica. Las autoras muestran que el racismo y la misoginia fracturan las expectativas de movilidad e igualdad social y agravan las difíciles condiciones que jóvenes de sectores marginales enfrentan cotidianamente, y que el ocultamiento discursivo de la desigualdad social y el reforzamiento de las políticas de identidad centradas en el reconocimiento de la diversidad desmovilizan políticamente a los sectores más desfavorecidos. Asimismo proponen la reivindicación del discurso político educativo y su necesaria recuperación en los estudios sobre racismo, discriminación étnica y de género en México.